lunes, 4 de octubre de 2010

Las casas.

¡Qué extrañas son las cosas! ¡Tan distintas! Tan diferentes... tan raras. En la casa de mi hermana (que tiene nombre de tango) todo está en orden, hermoso y adornado. Cada cosa tiene su lugar, con detalle y gran amor las "cosas" van y vienen, de la cocina al comedor. A todas las habitaciones las une un espacio donde mi cuñado guarda su piano y sus otros instrumentos musicales, hay un baúl, un espejo, allá arriba un estante lleno de libros, una silla. Es el lugar más curioso de su casa porque parece crecer y achicarse según las necesidades. Ahí tirábamos las colchonetas para hacer yoga, ahí se amontonan aveces miles de hojas, hay portaretratos y fotos. ¡Me encanta ese lugar!.

En cambio, en mi casa lo que más me gusta son los patios, las puertas y las ventanas. En total son 3 patios, mi marido tuvo que hacer 2 puertas de reja y eligió de esas tipo vaivén; las ventanas son también 2 bien grandes y miran al oeste. Al fondo, una pared alta y gruesa la separa de otra casa: "la de mi infancia", cuyas ventanas miran al este.

Ahora, muchas veces pienso que sería fantástico que alguien de mi familia viviera en esa otra casa y se pudiera abrir una puerta en "esa" pared que construyeron nuestros padres. ¡Quien sabe! quizás con el tiempo las cosas cambien... (si Dios quiere se hará). Sería algo así como unir ¿el pasado y el presente? ¡Qué cosas extrañas y raras se pone a pensar nuestra mente cuando la dejamos soñar!

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