Con los ojos cerrados, sin mirar nada a su alrededor la niña se estiraba, se movìa, bailaba. Con pasos pequeños, con manitas de muñeca tocaba su alrededor y pensando adivinaba... mmm ésto, ésto que es suave, ronronea, tiene largos bigotes es... ¡un gato! ¡qué hermosos son los gatos! (dijo). Otra vez tocaba y ahora se pinchaba, no se escuchaban sonidos pero olìa fantàstico... era ¡una planta! y tenía flores! ¡qué hermosas son las plantas con flores! (dijo).
Y asì, interminable, jugaba a ser ciega, a no ver, y sentía su alrededor con gran intensidad. La gente "grande" la miraba extrañada, enojada, e incluso preocupada. Pobre niña, decían.
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